Alerta: La Casa Durana de Sáenz de Oíza, en peligro

‘la casa, como la rosa, es un ser entreabierto’

Desde hace unos meses se ha puesto a la venta la vivienda que Francisco Javier Sáenz de Oíza proyectó para Fernando Gómez en Durana (Álava) en 1959. Esta obra es sin lugar a dudas el ejemplo más importante de la vanguardia doméstica de la década de los 50-60 en el País Vasco. Una arquitectura que sugiere un giro en los planteamientos de Oíza al tantear fórmulas críticas con el racionalismo ortodoxo para -sumando- incorporar lo orgánico como pauta proyectual.

Hay un momento en el que recuperar la mirada hacia tradición para incorporarla a la modernidad era la única vía de salvación de esta. Un camino que se separa del puro funcionalismo y recupera la atención sobre el valor simbólico y el poder evocador de la arquitectura.

Oíza se cuenta entre los pioneros de ese cambio de tercio. Y esta casa es un claro testigo.

La vivienda Fernando Gómez es un elogio del paraíso. Un paraíso invertido construido con muros sólidos pero que, al contrario que el hortus conclusus de la casa patio de otras latitudes, es la casa la que se dispone dentro del Jardín. Y son los muros abiertos y disonantes los que dejan pasar al interior el paisaje circundante, que es un bosque ricamente construido. De espinos, de árboles de hoja caduca, de pequeñas terrazas, plataformas y discretas construcciones auxiliares que se adosan a los límites adoptando su forma.

Una vivienda que es una estructura elemental -una cubierta el origen de la arquitectura- pero que da lugar a una solución compleja… un ente complejo con una forma muy elemental. Una casa cerrada desde fuera pero abierta desde dentro’. Así planteaba el arquitecto que debería ser la arquitectura, considerando estas contradicciones (¡y tantas otras!) no como impostura o falta de la verdad sino como salida inclusiva a la crisis de la modernidad.

La casa Fernando Gómez está claramente inspirada en la arquitectura de Frank Lloyd Wright, algunas de cuyas obras pudo conocer en el viaje que realiza unos años atrás, al poco de finalizar la carrera. La casa Palmer en Michigan o la casa Randall en California -posteriores al viaje- guardan muchas similitudes con la casa Fernando Gómez: una planta que se desarrolla a partir de la chimenea, el elemento vertical y central imprescindible; el uso de amplias cubiertas inclinadas que se extienden más allá de los límites de la casa, como si esta fuera un tenderete primigenio; la no ortogonalidad en la organización de los espacios, compartimentados por muros libres que concatenan las estancias y anuncian la secuencia…, o una utilización de materiales que hacen clara referencia a la tierra, entendiendo que el hombre es ocupante del mundo y comprendiendo su destino en la tierra y su paso por la tierra’, como diría Oíza. Es emocionante saber que la casa Paul Olfelt (1958-60) de Frank Lloyd Wright, con tantas semejanzas con la que nos ocupa, se proyectó y construyó en los mismos años.

El hecho es que la casa Fernando Gómez lleva a la venta desde hace unos cuantos meses y los que conocemos de esta realidad y apreciamos los valores de esta obra tememos por el futuro de la misma. La vivienda está en el término municipal de Arratzua-Ubarrundia, un municipio pequeño localizado cerca de Vitoria-Gasteiz en la carretera a Bergara. No consta que el edificio esté catalogado y mucho menos aparece en el inventario de Bienes de Interés Cultural de la provincia de Álava, en donde el listado lo completan obras consideradas como históricas, muy anteriores en todo caso a toda contemporaneidad más o menos reciente.

Desde el punto de vista burocrático, es probable que el Ayuntamiento de Arratzua-Ubarrundia, consignatario público y directo de la protección del edificio, no tenga medios técnicos y humanos para proceder a agilizar el expediente de protección. Desconozco, este es otro asunto, si comparte el criterio. O si tiene voluntad e interés. Son malos tiempos para el patrimonio construido contemporáneo. Lo que sí es cierto es que la vivienda se venderá, ojalá a un buen comprador, pero que esto es una carrera. El anuncio se puede ver en Idealista, referencia 36722440. No es una vivienda para comprar y demoler, porque en el entorno existe cierta oferta de parcelas a un precio más competitivo. Por lo tanto sería una insensatez. Económicamente absurdo. Es una vivienda ‘asequible’ para quien sepa apreciarla y no necesite reformarla pero tiene un precio fuera de mercado para realizar cualquier operación contraria a su conservación. Las referencias inmobiliarias a viviendas unifamiliares más fácilmente asimilables por el comprador tipo de un gusto menos comprometido, son numerosas. Quizá salve a esta vivienda de posteriores intervenciones un cierto tipo de selección natural en cuanto al perfil del comprador. Deseamos que alguien dotado de cierta sensibilidad o amor por la cultura construida sea el que la compre. Alguien que comprenda que la vivienda, sus espacios, su distribución y su estado de conservación son en su conjunto un regalo para la vida.

Por último, por su configuración orgánica y su particular distribución, la casa Fernando Gómez es una pieza ‘inreformable’, valga la expresión. Y está muy bien conservada y mantenida. Esos dos factores juegan a su favor.

Deseamos que quien se interese en la compra de la vivienda la observe con ojos comprensivos y que sea consciente del valor añadido del inmueble y del prestigio de la obra arquitectónica. Sabemos que la propiedad actual, descendientes del cliente que encargó la casa al arquitecto, y que ha sido exquisitamente cuidadosa con la conservación de la vivienda, es la mayor interesada en que la operación de compraventa vaya acompañada de la transmisión convenientemente de este legado.

Pero preocupa que el comprador no sea atento a la vivienda. Y que ésta pueda alterarse en lo sustancial. Tirar o modificar cualquiera de los muros radiales; rasgar los ventanales o desfigurar sus huecos; distorsionar el sabor de esos materiales y acabados, o trastocar los detalles constructivos de barandas, chimeneas o remates… es despreciar los valores de esta casa.

Por lo tanto, estamos ante una vivienda excelentemente bien conservada pero extraordinariamente delicada, sin ninguna protección, a la venta, y en un término municipal cuyo tamaño administrativo quizá no permita agilidad en las maniobras que se necesitan para su salvaguarda, máxime en casos de patrimonio reciente.

Hay una serie de administraciones o entidades que pueden coordinarse y dedicar un tiempo para gestionar la protección de uno de los pocos ejemplos de vivienda unifamiliar del País Vasco a caballo entre la tradición del caserío y la vivienda moderna. Por cercanía, el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, que dispone de técnicos con buen criterio y que pueden ayudar puntualmente en esta importantísima pero por otro lado lenta gestión; la Diputación Foral de Álava a través de su Servicio de Patrimonio; Eusko Jaurlaritza – Gobierno Vasco a través de su Centro de Patrimonio Cultural; la Asociación Cultural Centro Vasco de Arquitectura Accva, perteneciente al ICAM y dependiente de la Universidad del País Vasco; o incluso el Centro IPCE. Instituto del Patrimonio Cultural de España, dependiente del Ministerio de Cultura; otros entes relacionados con la cultura que podrían tan siquiera sumarse a la iniciativa de protección del edificio, como la Fundación Sancho el Sabio Fundazioa, que es un centro de documentación sobre la cultura vasca dependiente de la Fundacion Vital Kutxa; el impulso de otras instituciones relacionadas con la cultura como el ARTIUM, Centro Museo Vasco de Arte Contemporáneo, o fundaciones similares que velan por la protección del patrimonio construido contemporáneo como el DOCOMOMO Ibérico. Es importante que estas agrupaciones permanezcan alerta.

No se nos puede olvidar el ámbito de influencia de los Colegios de Arquitectos: por supuesto el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España y, en nuestro ámbito, el Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro; más en concreto, el requerimiento de una posicionamiento urgente a la Delegación en Álava del Colegio; puede ser interesante incluso solicitar la atención y colaboración del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, dada la reciente experiencia de la Casa Vallet de Goytisolo de Juan Antonio Coderch, de futuro todavía incierto, pero en la que actuaron con acierto y rapidez al informar a las administraciones local y autonómica del expediente de demolición y paralizar o al menos demorar (¡ay…!) su ruina, constatando que ‘entre varios’ se pueden evitar desastres como los que en fechas recientes hemos conocido: 

Son más los ejemplos recientes de descuido hacia el patrimonio construido reciente. Hace pocos meses fue la Casa Guzmán de Alejandro de la Sota, demolida y suplantada por un insensato féretro de granito. Pero aquí en el País Vasco, no lo olvidemos, en el 2008, la Villa Sobrino de Javier Carvajal, otra fantástica mezcla de caserío y vivienda rabiosamente contemporánea.

En el caso de la Villa Sobrino se alertó tarde, el día posterior a su demolición y se sugirió (igual de tarde) lo apropiado que sería emplazar en el edificio una sede relacionada con la cultura.

Hoy repetimos la sugerencia, que agradaría a todas las partes: una sede destinada al desarrollo de algunos servicios del Colegio de Arquitectos, o bien destinado a un centro de interpretación de la arquitectura contemporánea. Un lugar en el que se ponga en valor, va siendo hora, la producción arquitectónica contemporánea y que hace ya unos años el Gobierno Vasco defendió. U otra institución no necesariamente vinculada a la cultura o a la arquitectura, pero que quiera transmitir el aprecio por este tipo de obras. Puede servir esta misma sugerencia para la Casa Huarte de Pamplona, a la venta desde hace ya algunos años.

En las proximidades de la capital de Euskadi, de una ciudad que muchas veces ha sufrido un complejo equivocado de provincianismo periférico y nada favorecedor para su desarrollo cultural, tenemos la oportunidad de participar en la salvaguarda de un icono de la modernidad, obra genuina de un arquitecto indiscutible.

No queramos que sea otro paseante anónimo el que alerte, el día del desastre, y ya demasiado tarde, siempre es tarde, de que la casa Fernando Gómez ha sido desfigurada por un propietario apático.

Oíza fue una torre orgánica, y otra torre técnica en Madrid, una sima misteriosa en Oñati, una ciudad de cajas superpuestas en Alcudia, un cofre hermético para Oteiza en Alzuza, y puede seguir siendo una cubierta para celebrar la vida en Vitoria-Gasteiz.

Ekain Jiménez, junio de 2017

Alerta: La Casa Durana de Sáenz de Oíza, en peligro